twitter facebook google plus youtube

Psicóloga Rosa Ana Santomé Paredes

palabras, su influencia en nuestra mente

baby-2435875_1920La familia es el principal ámbito donde tu hijo va a aprender sus palabras, su forma de comunicarse, su manera de ver la vida.   Recuerda:

¡todo lo que hagas o digas puede ser utilizado en tu contra!, porque todo lo que haces y dices va a ser observado y escuchado por él.

Tus palabras son el resultado de tus estados emocionales por eso es tan importante ser cosciente de cómo te  encuentras. El pesimismo, la agresividad, la negatividad, la ansiedad, se transmiten.

Frases como “hay que trabajar muy duro para salir adelante”, “la vida es dura“, “eres un vago”, “asi nunca llegarás a nada“, anticipan sufrimiento, ansiedad. Estas frases se van grabando en sus  mentes y se quedarán ahí y se confirmarán una y otra vez. Estás forjando su manera de pensar.

La vida que llevamos también es el resultado de las palabras que usamos y que usaron con nosotros, porque con nuestras palabras construimos nuestros pensamientos y estos pensamientos son lo que nos motiva a hacer las cosas de una manera u otra.

Por eso, con palabras de este tipo, en vez  de preparale para el futuro, le dejas sin recursos para conseguir sus objetivos, para solucionar problemas, para tener una mente positiva.

Los científicos  defienden el papel de las palabras en el cerebro, y consideran que nuestra mente y nuestro sistema inmunológico reacciona a las palabras negativas y positivas de manera distinta.

¡Las palabras pueden cambiar tu cerebro! Cuando pronunciamos palabras como ‘no’, ‘estrés’, ‘obstáculo’, ‘difícil’, ‘imposible’ o ‘problema’, en nuestro cerebro se iluminan áreas relacionadas con la amígdala y con la segregación de cortisol,estas zonas están relacionadas con la generación de estrés.

Si nos hablamos en positivo, con expresiones del tipo de ‘logro’, ‘beneficio’, ‘alegría’, ‘nacer’, ‘vivir’, ‘sonrisa’, ‘conseguir’, se iluminan las áreas relacionadas con las emociones y con la segregación de dopamina, vinculada al bienestar y al buen humor.

Las palabras no son neutras y  no se las lleva el viento y menos las negativas, y algunas se clavan como puñales. Los seres humanos somos emocionales y el lenguaje, tanto interior como exterior, dirije  tus emociones. De manera que las palabras que yo recibo generan mi visión del mundo.

 Palabras a  evitar

 

  •  El no. Centrarse en lo que no se puede hacer es muy frustrante porque limita toda posibilidad de mejora.“eso es imposible,no va a funcionar”. “siempre se ha hecho de este modo”, “eso es un disparate”.
  • Los peros. Cuando introducimos un ‘pero’ en una frase automáticamente, anulamos toda la afirmación anterior. Además, la persona percibe una comparativa que le perjudica,“estoy de acuerdo contigo, pero…”,“lo has hecho muy bien, pero…”.
  • La prepotencia. Cuidado con esa tendencia a creer que somos los que más sabemos porque somos los mayores.“¿a mí me vas a enseñar cómo se hacen las cosas?”, “por lógica esto es así”, “¡aquí se hace lo que yo digo!”.

 

  • Generalizar. Cuidado con los ‘todos’, ‘siempres’, ‘nuncas’, ‘nadies’: en formato acusación y con carácter negativo son absolutamente desmotivadores porque predisponen en contra al que lo recibe y son percibidos como injustos: “siempre llegas tarde”, “nunca haces nada”. Lo que reflejan estas expresiones es que no somos capaces de reconocer los méritos de los demás.
  • Identificar el hecho con la persona. Expresiones del tipo de “eres un irresponsable”, son muy perjudiciales porque estás vinculando a la persona con el error cometido.
  • Tengo que. “Es muy desmotivador porque implica obligación y automáticamente el cerebro se pone a la defensiva. El ‘tengo que’ puede convertir lo más grato en algo negativo. Nadie dice “tengo que ir de vacaciones” y, sin embargo, sí “tengo que trabajar”. Lo mejor es sustituirlo por un ‘voy a’. También son válidas las expresiones tipo “me apetece” o “quiero”.

Si cambiamos la palabra, cambiamos la actitud y acabaremos convirtiendo algo que no nos apetece en algo estimulante.

Rosana Santomé

Psicóloga

¡Por favor comparte este artículo!